lunes, 20 de septiembre de 2010

Milagros

Todos los días a la misma hora, Milagros daba a luz un cadáver. Los médicos se contradecían en sus diagnósticos y las funerarias de la ciudad hacían el agosto. Muy pronto el cementerio se quedó pequeño y tuvieron que enviar a los recién fallecidos a otras ciudades colindantes. Con el paso del tiempo no quedó lugar para los vivos.

Adrián Ramos Alba

15 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Devastador y muy tétrico. Malos tiempos para creer en Milagros.

Maite dijo...

Muy bueno, desde la primera frase ya me ha enganchado para saber qué pasaba, y la última frase, pone un punto y final de lujo. Felicidades. Para mi gusto, perfecto.

Isabel María González dijo...

Tremendo microrrelato. Me gustó mucho, mucho.

Jesus Esnaola dijo...

Es de esos micros que me perturba, que me deja un mal rollito en el cuerpo... Si lo hubiera leído en papel habría cerrado el libro tras leerlo porque no habría podido concentrarme en otro micro los minutos siguientes.

Gracias Herman, un gusto Adrián.

Pablo Gonz dijo...

"Todos los días a la misma hora, Milagros daba a luz un cadáver". Lo demás hubiera preferido imaginarlo.
Un abrazo, Herman, y gracias por acercarnos este micro.
PABLO GONZ

Elèna Casero dijo...

Tremendo. Me ha gustado mucho

Raúl dijo...

Un micro ajustadísimo. Sí señor.

No Comments dijo...

Pone la piel de gallina. Tétrico. Apocalíptico. Para gritar de espantosa realidad.

Un saludo indio

Maria Coca dijo...

Tétrico y con fuerza. Muy impresionante...

Pedro dijo...

"Los recién fallecidos", qué bueno.

Xuan dijo...

No estoy seguro, pero me suena el microrrelato. Tal vez sea la idea.
Muy bueno.

Miguel Baquero dijo...

A mí también me ha gustado, sobre todo porque no es un símbolo de nada (o al menos yo no veo a qué realidad hace referencia), ni un malentendido, sino sencillamente es una imagen brutal

makuki dijo...

Por fin sé por qué veo tanta gente muerta por la calle. Un abrazo.

Francesc Cornadó dijo...

Parece que los milagros solo favorecen a los entierramuertos.
Si es que no se puede creer en milagros.

Salud

Francesc Cornadó

Francisco Ortiz dijo...

Esto es ser original.