lunes, 14 de abril de 2014

Seísmos. Cuentos de seis palabras (12)








Nació el bebé con dentadura postiza.

La planta carnívora devoró al vegetariano.

Extenuados, surcan el mar los antílopes.

Se enamoró del forense el inmortal.

Flota sin rumbo el levitador muerto.

Sonámbulo, intentó acceder al útero materno.

Ronronea el diccionario ante el poeta.

Durante el eclipse, enfermó la luciérnaga.

Entró al caleidoscopio el camaleón suicida.

Intranquilo, resucitó para suicidarse otra vez.

(Seísmos publicados en el número 363 de la revista Quimera)

miércoles, 2 de abril de 2014

Guía de extraviados

Ella y yo nos encontramos una noche en una cafetería. Nunca antes nos habíamos visto, y al poco tiempo ya vivíamos juntos. El piso no tiene más de cincuenta metros cuadrados, pero una mañana no nos encontramos a la hora del desayuno, como era habitual; tampoco en el comedor, sentados en nuestras sillitas de mimbre. Hace tiempo que no coincidimos. Ella habita entre el televisor y el dormitorio, y yo me siento tranquilo a la mesa de trabajo. Algunas noches, cuando todo está a oscuras, y nada parece perturbar la quietud de la casa, creo ver una luz en la ranura de la puerta. Quizá es ella, que trata de comunicarse conmigo por medio de sombras y contraluces. Entonces yo hago por llamar su atención desde el otro lado del pasillo y prendo fuego a mi papelera.

Juan Gracia Armendáriz (del libro Cuentos del jíbaro)

Imagen: M.C. Escher

jueves, 20 de marzo de 2014

Asincronía

Ella paseaba triste. Él deambulaba cansado. Ambos chocaron de frente al doblar una esquina. Turbados ante la belleza del otro, procedieron a disculparse con ávida lentitud. Tanta que sus respectivas e impacientes sombras, lejos de esperarlos como dicta la costumbre, se fundieron por su cuenta en un apasionado beso bidimensional, anticipándose veladamente al curso de la acción. Algo después, cuando lograron eludir las palabras, los rezagados cuerpos también se besaron al fin, mientras las sombras, siempre por delante, retozaban con ímpetu en el suelo. Desprovistos de sincronía, terminaron los cuatro acudiendo febriles a un hotel de las inmediaciones. Allí se mezclaron por completo. Al abandonar derrengados la habitación, el cuerpo de ella proyectaba la sombra de él y viceversa. Fantasearon con ser felices juntos, emprendiendo por inercia un noviazgo tradicional. Pero pronto cada sombra regresó sigilosamente al cuerpo que le correspondía. Y sobrevinieron estrepitosas discusiones por nimiedades. Tras sufrir la última, los cuerpos se abrazaron con pesadumbre y temblor. No así las sombras, que permanecieron gélidamente distanciadas en la pared, como adversarios inmóviles. Esa noche las dos huyeron por separado en direcciones opuestas.

(Texto dedicado al inolvidable Rafael Pérez Estrada y publicado en el número 363 de la revista Quimera)

Imagen: Alexey Menschikov

jueves, 13 de marzo de 2014

La sombra del pájaro

La sombra más libre es la del pájaro, que no llega a tocar el cuerpo del que es sombra.

Cuenta Tácito haber visto a un perro huyendo de su sombra que le ladraba furiosamente.

Cuenta Plinio el Joven de un país poblado por sombras sin hombres.

En las aglomeraciones hay que procurar no perder la sombra: nada tan triste y peligroso como el ir con la sombra de otro.

El pulcro procura que su sombra no se arrastre excesivamente, que no se ensucie y que nadie la pise.

Los amantes exactos tienen una sola sombra.

Hay sombras asesinas.

La sombra de la palabra es el eco.

La sombra es la rúbrica de la realidad.

Rafael Pérez Estrada (del libro Crónica de la lluvia)

lunes, 3 de marzo de 2014

Mantis

Nadie elige de quién se enamora. En lo que a mí respecta, siempre experimenté una fuerte inclinación hacia las hembras peligrosas y estilizadas. Qué le voy a hacer. De ahí que actualmente conviva con un majestuoso ejemplar de mantis religiosa que capturé en la selva virgen de Khao Sok, al sur de Tailandia. Nunca he sido tan feliz. Ni siquiera en el útero materno. Aunque debo confesar que esa criatura me intimida bastante (mide casi dos metros, sin incluir las antenas). Tanto es así que aún no hemos consumado nuestro amor, tras varios meses juntos. Pero intuyo que el momento se acerca inexorablemente. Por las noches, cuando me retiro a dormir, ella permanece en el salón contemplando embelesada el canal porno. Necesita placer con urgencia. Y juro por el Antiguo Testamento que lo tendrá en cuanto logre vencer el temor idiota que me inhibe. Mientras, disfruto hipnotizado de su encanto salvaje. Ahora está devorando un felino en nuestra alcoba. Puedo oírla desde aquí. Bendito sea Dios. Adoro con toda mi alma el ruidito que emite al masticar. Qué le voy a hacer. Nadie elige de quién se enamora.

(Texto publicado en el número 363 de la revista Quimera)

lunes, 24 de febrero de 2014

El buitre

Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra. Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.
-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? -pregunté- ¿Quiere encargarse del asunto?
-Encantado -dijo el señor-; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil. ¿Puede usted esperar media hora más?
-No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí-: por favor, pruebe de todos modos.
-Bueno -dijo el señor-, voy a apurarme.
El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

Franz Kafka
(Traducción de Jorge Luis Borges)

martes, 11 de febrero de 2014

Revista Quimera



Acaba de ver la luz el número 363 de la revista Quimera. Dentro van las últimas piezas que he escrito. Aquí os dejo la portada, el sumario y mi alegría. Bailaré como un derviche hasta el amanecer.

http://quimerarevista.wordpress.com/2014/01/27/no-363-febrero-de-2014/