martes, 23 de septiembre de 2014

Justicia a domicilio

Mi nombre es Modesto Perjurio. Soy juez retirado. Llevo un lustro sin ejercer, cinco largos años (el calendario no miente). Y no puedo más. Necesito impartir justicia de nuevo. Cuanto antes. Ahora. Entre mis propósitos de 2014 no hay otro más urgente. Impartir justicia. Resolver litigios. Dictar sentencia. De nada me sirve reclamar mi antiguo puesto en los juzgados. Ya no me quieren allí, pese a mi impecable reputación. Estoy demasiado viejo al parecer. Pero sigo siendo ecuánime. Más que antes quizá. Y puedo recitar de memoria el Código Civil. De ahí que me ofrezca para impartir justicia a domicilio. Completamente gratis además (el dinero no me incumbe). Soy especialmente bueno dirimiendo conflictos conyugales. Y trifulcas de familia. No acumulen malicia sin necesidad. 918789544. Marquen mi número en cualquier momento. Incluso de noche. También juzgo por Internet si quieren (moperju@gmail.com). O por fax.

martes, 16 de septiembre de 2014

Barbarismos


Ausencia. Refinamiento cruel de la presencia.

Biografía. Manera en la que alguien va muriéndose. // 2. ~ autorizada: hagiografía.

Crítico. Eunuco falocéntrico.

Dólar. Inconsciente colectivo.

Éxito. Glamour de la injusticia. // 2. Paréntesis entre dos fracasos.

Futuro. Siguiente olvido.

Generosidad. Ganas de recibir.

Hambre. Crimen organizado.

Inmigrante. Tu ancestro o descendiente.

Jadeo. Telegrama pulmonar.

Kitsch. Mal gusto de buen gusto.

Locura. Idioma hablado por una sola persona.

Máscara. Rostro voluntario.

Normalidad. Extravagancia mayoritaria.

Orgía. Multitud solidaria.

Pelea. Intercambio de miedos.

Póquer. Capitalismo de mesa.

Retraso. Hora exacta de llegada.

Sutileza. Evidencia en voz baja.

Tautología. Véase Tautología.

Universidad. Necrópolis con cafetería.

Viejo. Joven tomado por sorpresa.

Whisky. Lujo del hielo.

Yoga. Lesión con fines introspectivos.

Zeta. Apocalipsis del alfabeto.

Andrés Neuman (del libro Barbarismos)

miércoles, 3 de septiembre de 2014

El pulpo











                                                                  A Erik Satie

Tras años de reclusión, el pulpo sale a pasear. Necesita repartir abrazos con urgencia. Pero la gente lo elude. Nadie es consciente del amor que alberga esa criatura enorme. Sólo los árboles y los semáforos parecen advertirlo. Y a ellos aferra de noche los tentáculos, haciendo latir desaforadamente sus tres corazones, hasta que el sol incendia por completo la ciudad.

Imagen: Hokusai (El sueño de la esposa del pescador)

jueves, 21 de agosto de 2014

Espejismo

Aunque permanezcas quieta en tu asiento, aunque claves la mirada en el horizonte, aunque te empeñes en no vernos, tú y yo seguiremos besándonos en el retrovisor.


 Víctor Lorenzo (del blog Realidades para lelos)

Imagen: Elliot Erwitt

lunes, 4 de agosto de 2014

Néstor salta

                        Para Juan Bonilla

-Damas y caballeros, comienza la función. ¿Ven el círculo rojo en mitad de la pista? Ahí tendrá lugar el impacto. ¿Y el trampolín que se alza sobre sus respetables cabezas? Desde esa altura se arrojará en picado Néstor, nuestro intrépido suicida de hoy, a quien la posteridad aguarda impaciente. Confío en que admiren su aerodinámico smoking, cortesía de nuestros patrocinadores. Como de costumbre, lo subastaremos entre ustedes tras el imponente salto. Pero basta ya de prolegómenos. ¿Qué tal si nos dedicas un último saludo, Néstor?
Sentado en el trampolín con la mirada perdida, Néstor levanta obediente una mano.
(Pausa publicitaria).
-Gracias, amigo -prosigue el locutor tras los anuncios-. Un saludo conmovedor, que recibirán en diferido quienes nos siguen vía satélite, al otro lado del mar. Ahora ruego a todos los presentes que apaguen sus móviles y contengan la respiración. Néstor debe concentrarse.
Suena un redoble de tambor.
Néstor salta.
El público aplaude con frenesí.

domingo, 27 de julio de 2014

La isla del tesoro

Cortando la maleza con machetes, avanzábamos despacio hacia el interior de la isla. Por fin estábamos sobre la pista correcta. Un último esfuerzo y encontraríamos el legendario tesoro del capitán Morgan.
-Aquí -dijo Gucio, mi compañero, y clavó el machete en el suelo bajo un baobab de amplias ramas. Era el lugar que, antaño, en un mapa cifrado, había señalado con una cruz la propia mano del capitán.
Tiramos los machetes y agarramos las palas. Pronto descubrimos un esqueleto humano.
-Todo concuerda -dijo Gucio-. Bajo el esqueleto debe haber un cofre.
Allí estaba. Lo sacamos del hoyo y lo pusimos debajo del babobab. El sol llegaba a su cenit, los monos, excitados, saltaban de una rama a otra; el esqueleto mostraba sus dientes sonriente. Respirando pesadamente, nos sentamos encima del cofre.
-Quince años -dijo Gucio.
Era el tiempo que había transcurrido desde que empezáramos a buscar el tesoro.
Apagamos los cigarrillos y cogimos unas barras de hierro. Los monos gritaban cada vez más, al igual que los loros. Finalmente, la tapa cedió.
En el fondo del cofre yacía una hoja de papel y en ella estaba escrito: "Besadme el culo. Morgan."
-El objetivo nunca es lo importante -dijo Gucio-. Lo que cuenta es el esfuerzo de perseguirlo, no el hecho de alcanzarlo.
Maté a Gucio y volví a casa. Me gustan las moralejas, pero sin pasarse.

Slawomir Mrozek (del libro La mosca)