miércoles 23 de diciembre de 2009

Centrifugado

La cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior de la lavadora, acompañada de una colada de desquiciadas bragas viejas. Ella sonríe cuando se encuentra con sus ojos de ahogado iracundo anegados de jabón, al otro lado del bombo. Ya verás cómo pronto se te pasa el enfado, amor, le dice mientras añade un cazo de suavizante aroma frescor de primavera y programa media hora más de centrifugado.

Patricia Esteban Erlés (Del libro Por favor, sea breve 2)

miércoles 16 de diciembre de 2009

Más cuentos para sonreír

No es mala noticia que la editorial sevillana Hipálage haya seleccionado mi pieza Flechazo para formar parte de la antología de microrrelatos Más cuentos para sonreír, ya a la venta. Tampoco es mala noticia que en ese libro figuren textos de escritores cuya trayectoria sigo con interés creciente, como Óscar Sipán, Iván Humanes, Antonio Serrano Cueto, Esther Rodríguez Cabrales o Adrián Ramos Alba. Alguien debería preparar unos martinis sin dilación.

Flechazo
Fue un flechazo. Yo estaba distraída, pensando lánguidamente en algo superfluo, cuando su mano comenzó a recorrer mi espalda. Me estremecí. Nadie me había acariciado antes con tanta destreza. Luego me alzó con sus fornidos brazos para olfatearme delicadamente. Reconozco que su osadía me volvió loca. Poco faltó para que copulásemos en público. Por fortuna, logramos contenernos hasta llegar a su casa. No hubo preámbulos. Nada más entrar, me condujo al lecho y empezó a devorarme. Fueron tres horas que jamás olvidaré. Una comunión insólita que trascendía lo meramente físico. Pero la dicha fue breve. Tras la cópula febril, me llevó a la biblioteca y, sin apenas despedirse, me puso en uno de los anaqueles, donde llevo meses esperándole, quizá años. No me resigno: sé que volverá conmigo. Aunque deploro que Lolita y Madame Bovary (esas dos casquivanas con quienes comparto anaquel), me miren siempre con tanta sorna.

lunes 7 de diciembre de 2009

El niño al que se le murió el amigo

Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre: "El amigo se murió. Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar". El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. "El volverá", pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar. "Entra niño, que llega el frío", dijo la madre. Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, estiró los brazos, y pensó: "Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada". Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: "Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido". Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.

Ana María Matute (del libro Los niños tontos)

martes 24 de noviembre de 2009

El inmortal

Tras una larga búsqueda, capturaron finalmente al inmortal, que fue sometido sin dilación a toda suerte de experimentos clínicos. En la rueda de prensa, los médicos dictaminaron perplejos que nada lo distinguía fisiológicamente del hombre común, salvo su temporalidad incesante. Hoy ocupa una tenebrosa celda del zoológico municipal. Y hordas de visitantes intentan matarlo cada día con inexplicable saña. Pero el inmortal persiste. Dicen que por las noches llora muy despacio en un rincón.

Microrrelato incluido en la antología Por favor, sea breve 2, recientemente editada por Páginas de Espuma.

sábado 14 de noviembre de 2009

Espacio

Escribí un relato de tres líneas y en la vastedad de su espacio vivieron cómodos un elefante de los matorrales, varias pirámides, un grupo de ballenas azules con su océano frecuentado por los albatros y los huracanes, y un agujero negro devorador de galaxias.
Escribí una novela de trescientas páginas y no cabía ni un alfiler, todo se hacinaba en aquella sórdida ratonera, había codazos y campos minados, multitudes errantes que morían y volvían a nacer, cargamentos extraviados, hechos que se enroscaban y desenroscaban como una tenia infinita, los temas eran desangrados a conciencia en busca de la última gota, no prosperaba el aire fresco, se sucedían peligrosas estampidas formadas por miles de detalles intrascendentes, el piso de este caos ubicuo y sofocador estaba cubierto con el aserrín de los mismos pensamientos molidos una y otra vez, los árboles eran genealógicos, los lugares, comunes, y las palabras pesados balines de plomo que se amontonaban implacablemente sobre el lector agónico hasta enterrarlo.

Ángel Olgoso (del libro Astrolabio)

Nota: Este lunes 16 de noviembre, a las 20:00 horas, se presentará en la librería Tres Rosas Amarillas (Madrid) el último libro de Ángel Olgoso, La máquina de languidecer, editado por Páginas de Espuma.

sábado 7 de noviembre de 2009

Por favor, sea breve 2

Con placer os anuncio, tenues visitantes, que el próximo miércoles 11 de noviembre se presenta en Madrid la antología de microrrelatos Por favor, sea breve 2, editada por Páginas de Espuma. Este libro es la continuación del volumen homónimo publicado en 2001, todo un clásico del género hiperbreve. Como es natural, me llena de incontenible júbilo que un microrrelato mío figure entre sus páginas. La presentación tendrá lugar en la Casa de América, a las 19.30 horas, e intervendrán en ella el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, y los escritores Hipólito G. Navarro, Patricia Esteban Erlés, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Fernando Iwasaki, José María Merino, Luis Mateo Díez, Clara Obligado (antóloga del volumen) y Francisca Noguerol (autora del prólogo). Ningún amante de la ficción minúscula debería perderse tan magno evento.
Dice Clara Obligado: "Este libro bulle, está vivo, da cuenta de la última creación, de lo que se está haciendo ahora, en este minuto, en todo el ámbito hispanoamericano, de orilla a orilla. Contiene casi doscientos microrrelatos, formados tanto por obras de autores novísimos como por inéditos de los grandes. Es un libro taller de escritores, un libro descubrimiento, un libro cazador de dinosaurios, un libro que sigue a otro libro de referencia, el Por favor, sea breve, cuya larga aventura nunca imaginamos. Sumérgete de nuevo en unas páginas que crecen y crecen para el placer de lectores quienes, en pocas líneas, son también capaces de bullir bajo estos diminutos remolinos de palabras".

domingo 1 de noviembre de 2009

La cabeza del perro

Estoy arrellanado en el sillón junto a la chimenea, donde crepita el fuego. Tengo la copa de coñac en la mano derecha. Con la mano izquierda, caída descuidadamente, acaricio la cabeza de mi perro... hasta que recuerdo que no tengo perro.


Arthur Conan Doyle

domingo 25 de octubre de 2009

En el camino

Tras un largo proceso de gestación, nace al fin En el camino. Se trata de una escuela literaria nómada que dirige la escritora Ana Muñoz de la Torre (responsable del célebre blog La orgía perpetua). Componen el claustro nombres como Juan Bonilla, Andrés Barba, Benjamín Prado, Care Santos o Ricardo Menéndez Salmón, entre otros. La escuela, en cuya página web ya podéis deslizaros (http://www.enelcaminoliterario.com/), iniciará sus cursos itinerantes en enero de 2010. Añadiré que me colma de ilusión haber sido invitado a impartir el Taller musical de escritura, un curso destinado a trazar puentes entre el arte musical y el literario.

viernes 16 de octubre de 2009

Pandemia

Una mañana de octubre, tras varios años de experimentos, un sabio profesor inventa finalmente la leche que canta villancicos. Esa misma mañana, el empleado de la Oficina de Patentes toma el cacito con las dos manos, mira la leche con algo de aprensión, le tose encima, sin querer, y no se anda con contemplaciones:
–Lo primero, su invento es antihigiénico –le dice al sabio. Es una auténtica porquería. No sirve para nada. Y lo segundo –mucho más grave, diría yo– es que esta leche desafina. Óigalo usted.
El sabio profesor pega la oreja a la leche, escucha el villancico que está cantando, y ve que el empleado tiene razón. Toda esa leche espesa, con rebordes de nata amarilla en la pared del cazo, no solamente desafina un poco, sino que arrastra algunas notas sin ton ni son, las columpia más bien, igual que las viejas cuando cantan en misa. Por un momento, el desconsuelo se pinta de tal modo en los ojos del sabio profesor, que el propio empleado de la Oficina de Patentes –un hombre rechoncho, con labios gruesos, de vaca– se ve en la obligación de darle ánimos.
–¿Quiere un consejo? –le dice tosiendo otra vez–. Mire: yo en su lugar inventaría un abrelatas. Es lo corriente. Es lo que todo el mundo inventa. Un abrelatas. Eso, o una mopa. ¿Usted nunca ha tenido tentaciones de inventar una mopa?
–No señor, nunca.
–¿Y un cuchillo de varios usos?
–Tampoco.
–¿Lo ve? En eso está su error, amigo mío. En que seguramente no echa en falta las cosas simples. Ahí está todo. Quizá hasta menosprecia, sin saberlo, la felicidad de la gente sencilla.
–¿Usted cree?
–Naturalmente que lo creo. ¿Quiere una bolsa nueva para el cacito?
–Se lo agradecería.
–Pues aquí tiene. Y hágame caso, que yo con el consejo no me echo nada en el bolsillo. Un abrelatas. Una buena mopa. Cosas así. En confianza ahora: ¿a usted le gustan los villancicos?
–¡Hombre! Eso depende. Unos sí y otros no.
–Pues ya lo ve. Ya ve la gracia del invento, que ni siquiera a usted le hace feliz.
–¿Y si cuelo la leche y la dejo limpita y sin nata?
–Hágame caso, en serio. Olvídelo –concluye el empleado.
Pero el sabio profesor, desconsolado y todo, es un hombre tranquilo, persistente, muy curtido en las adversidades. En más de veinte años de carrera, el sabio profesor ha inventado muchísimas cosas. Ha inventado cosas como el jersey que aplaude en la oscuridad, el buzón que le ladra al cartero, los besos con muletas, el acuario de luto, o el loro transparente que pronuncia palabras anfibias, subido en una percha de piedra pómez.
Por eso ahora, mientras recoge del mostrador la bolsa nueva con el cazo, el sabio profesor se recuerda a sí mismo que sólo es octubre. Piensa que aún faltan dos meses para que llegue la Navidad. Y que es posible perfeccionar su invento. Sobre todo piensa en la nata. Ve la nata en su imaginación. Saborea por dentro su gusto rancio y amarillo. “Le quito la nata y lo arreglo” se dice casi alborozado, al empujar la puerta de la oficina.
Luego cruza la calle.
Aprieta fuerte el asa de la bolsa.
Se pierde en el viento de octubre.
Dentro, al otro lado del mostrador, la tos del empleado se hace más bronca, más continua, y se va convirtiendo poco a poco en una especie de mugido.

Ángel Zapata (del libro Las buenas intenciones y otros cuentos)