domingo, 22 de marzo de 2015

Ante La Ley

La tuberculosis canceló la existencia terrenal de Franz Kafka en 1924. Pero nadie sabe  que al morir ingresó en un extraño limbo lleno de columnas. Con asfixiante pena, el escritor anduvo indefinidamente por aquel laberinto de mármol, hasta encontrar (muy al fondo) una puerta ínfima y un guardián enorme. El guardián deslizaba tediosamente en sus fauces los gajos de una mandarina. No tenía ojos. Kafka le interpeló.
-¿Quién eres?
-Soy el guardián de esta puerta, por donde nunca entrarás, salvo que me expliques satisfactoriamente qué diablos significa tu relato Ante La Ley. Las altas esferas sospechan que encierra una crítica al sistema judicial. Lo cual sería intolerable.
-¿Y si me niego a hacerlo? -repuso Kafka con desdén.
-En tal caso, tu condena será infinita. Nunca tendrás acceso al siguiente guardián, que carece de oídos.
Ambos callaron. Desde entonces, Kafka yace en el suelo e intenta dormir.

martes, 17 de marzo de 2015

Huelga de espejos


Se rumorea
Que habrá una huelga de espejos.
La belleza será fea
Y todos los niños viejos.

El triste hallará alegría
Al contemplarse, sin por qué.
El fuego se convertirá en escarcha fría
Y el futuro en un nuevo ayer.

El agua de los lagos al copiar la luna
Dibujará un sol cegador.
Todas las sombras en el cristal de una
Ventana aullarán de color.

Habrá una huelga de espejos.
Los pacifistas andarán a tiros.
Y cumpliendo un anhelo muy viejo
Podrán reflejarse los vampiros.

Juan Bonilla (del libro Los invisibles)

Imagen: René Magritte (Retrato de Edward James)

martes, 24 de febrero de 2015

Final









Un anciano aguarda el metro con gravedad. No hay un alma en el andén. Al fondo del túnel una luz se aproxima despacio. El anciano se levanta dificultosamente. Cuando el tren se para delante y abre sus puertas, el anciano entra trémulo. Dentro no hay nadie, salvo otro anciano que parece estar dormido y que luce un hermoso bigote blanco. El primer anciano se sienta frente al segundo y el tren emprende la marcha. La luz del vagón es tenue como el pulso de un enfermo terminal.
Anciano 1: Disculpe, ¿tiene usted hora?
Por toda respuesta, el Anciano 2 permanece inconsciente. Contrariado, el Anciano 1 se levanta y lo zarandea.
Anciano 2 (con sobresalto): ¿Qué demonios ocurre? Estaba profundamente dormido.
Anciano 1 (regresando a su asiento): No tiene importancia. A nuestra edad suele ocurrir. Yo pensé que estaba muerto. Lamento haberme equivocado.
Anciano 2 (frotándose los ojos): Es usted muy amable. Supongo que ahora querrá que le ofrezca un poco de conversación.
Anciano 1: En absoluto. Sólo quería saber la hora.
Anciano 2 (saca del bolsillo un reloj de arena y lo consulta): Me temo que es tarde.
Anciano 1: Lo imaginaba.
La luz del vagón se vuelve de súbito más decrépita. Los ancianos permanecen unos instantes en silencio. El tren se detiene en alguna estación, pero no entra nadie.  
Anciano 1: Pese a la natural animadversión que usted me provoca, debo reconocer que su bigote es formidable.
Anciano 2: Le agradezco el cumplido.
Anciano 1: ¿Le importaría prestármelo un momento?
Anciano 2: No tengo inconveniente, siempre que lo trate con suma delicadeza.
El anciano 2 se desprende del bigote y lo acaricia un poco antes de entregárselo al anciano 1, que se lo pone ceremoniosamente.
Anciano 2 (algo desvalido sin el bigote): ¿Y bien? ¿Qué le parece?
Anciano 1: Que sin bigote tiene usted cara de cretino.
Anciano 2: Me pregunto a qué viene tanta hostilidad. La luz está a punto de extinguirse. Propongo que intentemos ser amigos.
Anciano 1 (meditabundo): Ahora que lo dice, no es mala idea.
Los dos ancianos se levantan para abrazarse. Poco a poco, el abrazo va adquiriendo cierto voltaje erótico. Al abrazo le sucede un beso animal. Cuando los ancianos comienzan a desvestirse mutuamente, ebrios de lujuria, la luz se apaga del todo.

Imagen: Final de la película North by Northwest, de Alfred Hitchcock

sábado, 14 de febrero de 2015

Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar (Historias de cronopios y de famas)

Imagen: Roy Lichtenstein (Crying girl)

domingo, 1 de febrero de 2015

La máquina de abrazos

Usted está solo. Tanto que a veces se pregunta si existe en realidad, si alguna vez nació. Nadie le quiere. Y el televisor ilumina cada noche su llanto silencioso.
¿Acaso cree ser un bicho raro? Pues se equivoca bastante. Según la Universidad de Milwaukee, un tercio de la población mundial está sola. Y sufre una devastación anímica similar. Sobre todo los hombres con halitosis, como usted.
Pero sus problemas han terminado al fin. No importa que su aliento fétido espante a todo ser viviente con quien pretenda entablar conversación. Ni que todas las mascotas con las que intenta convivir acaben suicidándose. Nosotros tenemos la solución perfecta. Abra bien los oídos (y cierre su boca de mofeta, a ser posible).
Nos referimos a la nueva Hug-Machine, una formidable máquina de abrazos que le dará todo el amor que necesite, al margen de que usted lo merezca o no.
Diseñada por ingenieros alemanes y fabricada por esclavos chinos, la Hug-Machine se compone de dos partes: unos brazos mecánicos de terciopelo azul y una preciosa muñeca de látex a la que aquéllos van perfectamente ensamblados.
El procedimiento es muy elemental. Cuando usted anhele un abrazo, sólo tiene que acercarse a su Hug-Machine y pronunciar alguna palabra cariñosa. Acto seguido, recibirá un abrazo inolvidable.
A decir verdad, no es necesario que dirija a la máquina palabras cariñosas. Cualquier palabra del diccionario sirve, incluso un gruñido, pues su mecanismo se activa mediante un eficaz sensor de pestilencia.
¿No es maravilloso? Gracias a su halitosis podrá recibir todos los abrazos que quiera. El hedor le conducirá al amor. Al contrario de lo que venía ocurriendo. Es la venganza perfecta.
Seguirá solo, pero feliz.
Y todo por diez mil euros de nada. No deje pasar la ocasión. Compre ya su Hug-Machine. O púdrase en la miseria.

miércoles, 21 de enero de 2015

Definiciones diabólicas (S-Z)










Santo. Pecador difunto, corregido y revisado.

Senado. Grupo de ancianos caballeros responsables de altas funciones y pequeños delitos.

Sentimiento. Hermanastro enfermizo del Pensamiento.

Sincero. Tonto e inculto.

Solo. Mal acompañado.

Soñoliento. Profundamente afectado por una obra dramática adaptada del francés.

Tregua. Amistad.

Tumba. Casa de la Indiferencia.

Ungir. Lubricar a un rey o a otro alto funcionario ya de por sí bastante viscoso.

Venganza. Mandarle las cartas de amor que te escribió tu novia a tu rival después de que se haya casado con ella.

Verdad. Ingeniosa mezcla que combina lo deseable y lo aparente.

Vida. Conservante espiritual que impide la putrefacción del cuerpo.

Virtudes. Ciertas abstinencias.

Votación. Simple estratagema mediante la cual una mayoría demuestra a una minoría la estupidez que supondría cualquier resistencia.

Whangdepootenawah. En lengua ojibwa, desastre; dolor inesperado que nos hace mucho daño.

Zigzaguear. Desplazarse hacia delante con vacilaciones, de un lado a otro, como el que lleva a hombros la carga del hombre blanco.

Ambrose Bierce (Diccionario del diablo)