Patricia Esteban Erlés (Del libro Por favor, sea breve 2)
Feliz 2010
Hace 8 minutos
Realidad y ficción
No es mala noticia que la editorial sevillana Hipálage haya seleccionado mi pieza Flechazo para formar parte de la antología de microrrelatos Más cuentos para sonreír, ya a la venta. Tampoco es mala noticia que en ese libro figuren textos de escritores cuya trayectoria sigo con interés creciente, como Óscar Sipán, Iván Humanes, Antonio Serrano Cueto, Esther Rodríguez Cabrales o Adrián Ramos Alba. Alguien debería preparar unos martinis sin dilación.
Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre: "El amigo se murió. Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar". El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. "El volverá", pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar. "Entra niño, que llega el frío", dijo la madre. Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, estiró los brazos, y pensó: "Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada". Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: "Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido". Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.
Tras una larga búsqueda, capturaron finalmente al inmortal, que fue sometido sin dilación a toda suerte de experimentos clínicos. En la rueda de prensa, los médicos dictaminaron perplejos que nada lo distinguía fisiológicamente del hombre común, salvo su temporalidad incesante. Hoy ocupa una tenebrosa celda del zoológico municipal. Y hordas de visitantes intentan matarlo cada día con inexplicable saña. Pero el inmortal persiste. Dicen que por las noches llora muy despacio en un rincón.
Escribí un relato de tres líneas y en la vastedad de su espacio vivieron cómodos un elefante de los matorrales, varias pirámides, un grupo de ballenas azules con su océano frecuentado por los albatros y los huracanes, y un agujero negro devorador de galaxias.
Con placer os anuncio, tenues visitantes, que el próximo miércoles 11 de noviembre se presenta en Madrid la antología de microrrelatos Por favor, sea breve 2, editada por Páginas de Espuma. Este libro es la continuación del volumen homónimo publicado en 2001, todo un clásico del género hiperbreve. Como es natural, me llena de incontenible júbilo que un microrrelato mío figure entre sus páginas. La presentación tendrá lugar en la Casa de América, a las 19.30 horas, e intervendrán en ella el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, y los escritores Hipólito G. Navarro, Patricia Esteban Erlés, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Fernando Iwasaki, José María Merino, Luis Mateo Díez, Clara Obligado (antóloga del volumen) y Francisca Noguerol (autora del prólogo). Ningún amante de la ficción minúscula debería perderse tan magno evento.
Tras un largo proceso de gestación, nace al fin En el camino. Se trata de una escuela literaria nómada que dirige la escritora Ana Muñoz de la Torre (responsable del célebre blog La orgía perpetua). Componen el claustro nombres como Juan Bonilla, Andrés Barba, Benjamín Prado, Care Santos o Ricardo Menéndez Salmón, entre otros. La escuela, en cuya página web ya podéis deslizaros (http://www.enelcaminoliterario.com/), iniciará sus cursos itinerantes en enero de 2010. Añadiré que me colma de ilusión haber sido invitado a impartir el Taller musical de escritura, un curso destinado a trazar puentes entre el arte musical y el literario.
Una mañana de octubre, tras varios años de experimentos, un sabio profesor inventa finalmente la leche que canta villancicos. Esa misma mañana, el empleado de la Oficina de Patentes toma el cacito con las dos manos, mira la leche con algo de aprensión, le tose encima, sin querer, y no se anda con contemplaciones: