miércoles, 1 de junio de 2016

Fuerza Menor (Diario de Navarra)

Mi libro Fuerza Menor (Isla de Siltolá, 2016) tiembla de placer tras la generosa reseña que el escritor Juan Gracia Armendáriz publicó hace poco en el Diario de Navarra. Permitidme compartirla con vosotros mientras levito felizmente sobre el mar.


sábado, 21 de mayo de 2016

El Ku


Híbrido de mosca y colibrí, surge en Kyoto el Ku, diminuto pájaro criado por el barón Yoritomo para que acompañase a un arce rojo en su dolorosa reducción a bonsai. Esta criatura es apenas visible, y sólo se alimenta de las lágrimas que vierten aquellos que, en su sensibilidad, se duelen de los excesos que se cometen contra la naturaleza.

Rafael Pérez Estrada (del libro Cosmología esencial)

martes, 22 de marzo de 2016

El infierno











Tanto visitante inesperado empieza a cansarme. El piso es diminuto, algo mayor que un microondas. Y por ahorrar, tengo que compartirlo con mi hermanastro, depravado tarambana que me legó mi padre al morir. Desde el primer día, comenzó a meter gente en nuestra ratonera sin previo aviso, desconsideradamente. En este momento (es lunes por la mañana) hay cuarenta y tres personas en el pasillo, ciento nueve en el salón y doscientas quince repartidas entre la cocina y el baño. Espero que no griten mucho cuando active el lanzallamas. Deploro molestar a los vecinos.

Imagen: fotograma de Fahrenheith 451

viernes, 4 de marzo de 2016

Matrushka

El obeso mórbido bosteza y de su boca surgen los dos hombres más delgados del mundo, y al estornudar estos, vuelan al exterior desde la noche de cada uno de sus estómagos tres dragones enanos que vomitan fuego y expulsan en su última llamarada cuatro avioncitos en miniatura, dentro de cada uno de los cuales podemos atisbar, si aguzamos la vista y lupa en ristre, a un obeso mórbido a punto de bostezar.

Miguel Ángel Zapata (del libro Mar de pirañas)

jueves, 3 de marzo de 2016

Fuerza Menor (La Opinión de Málaga)

Despertar. Comprar el periódico La Opinión de Málaga. Abrirlo. Encontrar la reseña de mi libro. Fallecer. Resucitar. Bailar breakdance. Comprar un megáfono. Emitir cantos tiroleses. Acabar en la cárcel. Encender una velita en mi celda. Pegar la reseña en la pared. Hacerle una foto con el móvil. Mandársela a mi madre y a vosotros. Agradecerle a José Antonio Sau su enorme generosidad. Dormir de alegría. Despertar. Planear mi fuga para poder comprar el periódico otra vez y abrirlo y encontrar la reseña de mi libro y fallecer y resucitar y bailar breakdance y comprar un megáfono y entrar en un bucle del que no sabré salir ya nunca.

http://www.opinionmalaga.com/especiales/libros/2016/02/29/el-poder-de-la-microliteratura/





domingo, 14 de febrero de 2016

George Leigh Mallory agoniza


Amor mío, vuelvo a casa. Espero que no te importe que mi cuerpo quede aquí tendido, boca abajo, en la fría ladera de este monte.

Emilio Gavilanes (del libro Historia secreta del mundo)

Imagen: Ruth y George Mallory

martes, 9 de febrero de 2016

Fuerza Menor (Micropoética)

A veces la fuerza reside en lo pequeño, en la región más discreta y marginal del mundo sensible, alojada en ínfimas criaturas que apenas reclaman nuestra atención. No en Goliat, sino en David, cuya mano lanzó la piedra mínima que hizo caer al gigante. Tampoco en el acorazado Potemkin, sino en el imperceptible caracol que baja muy despacio por el tronco de un árbol en llamas. Frente al poder insolente de lo hercúleo, vibra la fuerza menor de lo humilde, que este libro exalta con levedad.

Fuerza Menor (Isla de Siltolá, 2016)
Muy pronto en las librerías!

lunes, 1 de febrero de 2016

Definición de isla

Me hago un autorretrato con cabeza de perro y se lo llevo a mi madre. No le gusta, la mera conjetura de ser madre de un perro la deprime, le ofrezco que se quede con el cuadro y no quiere, le insisto: se pone a llorar.
Cuando vuelvo a mi casa, borro el autorretrato. Pinto un útero.
Al día siguiente borro el útero.
Pinto un sol negro.

Ángel Zapata (del libro Materia oscura)

miércoles, 27 de enero de 2016

Fuerza Menor

Hace tiempo soñé que publicaba mi segundo libro en una editorial exquisita, especializada en poesía, con prólogo de uno de mis escritores vivos favoritos. Pero al despertar me dije: cuánto flipas mientras duermes, eso no sucederá nunca, regresa al mundo de lo posible. Ahora entiendo que aquel era un sueño premonitorio. Y que debo dormir más. Pero ya basta de preámbulos (la emoción me vuelve blablablero): con todos ustedes Fuerza Menor, mi segundo libro de ficciones. Muy pronto en las librerías. Mi eterna gratitud a Isla de Siltolá, por traerlo al mundo con tanta elegancia. Y a Juan Bonilla, por el formidable prólogo, que no me canso de releer.

martes, 26 de enero de 2016

El regalo

No vio nada extraño en aquel regalo. Un muñeco de madera, bien acicalado, que había pertenecido durante mucho tiempo a un ventrílocuo. Sí era algo singular, pero la singularidad venía por lo poco común del ofrecimiento. No supo dónde colocarlo, no veía claro el lugar que ocuparía aquel muñeco que tenía una sonrisa especial, una mirada perdida. Optó por el salón, sobre una silla de madera, pegada a la ventana. Apenas nadie se apercibiría de él, ni le molestaría esa presencia.
La primera noche durmió como un tronco, el día había sido de lo más intenso: regalos, buenos deseos, la copa, la comida, los besos, la mirada de Raquel, explícita por momentos y siempre, a un tiempo, comedida. Demasiadas emociones.
Por la mañana, tras ducharse y dirigirse a la cocina le pareció, de reojo, que el muñeco no estaba en la silla, pero al momento pensó que seguro que no había mirado bien, que eso no era posible. Tomaba el café, y la tostada, cuando, más por inercia que por otra cosa, se asomó de nuevo al salón, y efectivamente, el muñeco no seguía donde lo dejó la noche anterior. Un ligero calor le sofocó el rostro, luego reaccionó, y lo buscó con cierta cautela. Apareció en el dormitorio de invitados, tumbado sobre la cama, con los ojos cerrados. El café se le atragantó y comenzó a toser con fuerza. Cuando cesó, el muñeco tenía los ojos abiertos. ¿Pero, qué está pasando?, se dijo. Comenzó a dudar de todo lo que ayer, a última hora, había hecho. Habré puesto el muñeco en esta cama, será el cansancio, las copas, qué sé yo. No quiso darle más importancia.
Juraría que le he visto los ojos cerrados, pensó, tratando de buscar alguna explicación, mientras salía del dormitorio.
No quiso darle más importancia, se arregló y, antes de salir de casa, volvió a colocar el muñeco sobre la silla. Esta vez se aseguró de ello. Incluso le echó una foto con el móvil.
Pasó todo el día fuera, y hasta logró olvidarse del incidente. En el ascensor trató de reírse, de no darle vueltas a algo que igual no había sucedido. Sólo al meter la llave en la cerradura del portal, se puso un poco nervioso. Cuando entró por la puerta de casa, no quiso ni mirar a la silla del fondo del salón. Dejó las llaves sobre la mesa y se fue a la cocina, a prepararse una infusión. Sonó el teléfono, rompió un poco la tensión, y lo descolgó. Mientras charlaba de un lado a otro vio que el muñeco ya no estaba en la silla. Sin dejar el teléfono avanzó por el pasillo y descubrió una pintada en rojo en la pared:
Tenemos que hablar.
El teléfono se le cayó de la mano e impactó contra el suelo, apagándose al instante. Más allá creyó ver otra pintada. Se acercó con sigilo:
Así no podemos seguir. 
El temblor le subió desde el estómago hacia los brazos, y tuvo que hacer un esfuerzo por contenerse. Avanzó hasta la habitación del fondo, la de invitados. El cosquilleo se atrincheró en las piernas y le costaba avanzar. Se armó de valor. En la puerta había pintado un círculo rojo. Tocó el pomo y lo giró despacio, muy despacio, entonces recordó que esa puerta chirriaba... al entrar vio la habitación vacía. Dos pasos al frente. En la cama nadie. Y sintió una mano pequeña, posándose en su hombro, mientras la otra le penetraba, como un cuenco de madera por el pecho, en busca de un corazón nuevo, caliente.

Antonio Luis Ginés (del libro Teoría de lo imperfecto)