miércoles 1 de febrero de 2012

Seísmos (Reseña en El síndrome Chéjov)

Cuatro años después de Los inéditos del síndrome, aquella feliz aventura que tuvo lugar cuando Puerta Falsa aún vestía pañales, el escritor Miguel Ángel Muñoz publica en su bitácora El síndrome Chéjov una grácil reseña de Seísmos. Mientras redacto estas líneas de gratitud, el suelo de mi habitación tiembla deleitosamente. Ojalá tuviera serpentinas.

Reseña de Miguel Ángel Muñoz


sábado 28 de enero de 2012

El pozo

El charlatán predica delante del pozo. "Quien se tire dentro", dice, "será feliz". Los que nos detenemos a escucharlo contenemos la curiosidad con una expresión incrédula. Pero estamos atentos. Por un lado, porque el hombre sabe hacerse escuchar y, por otro, porque no tenemos nada mejor que hacer. A diferencia de otros pozos, éste se hizo popular cuando, con la ayuda de una megafonía sensacionalista, el charlatán empezó a anunciarlo como si de una atracción de feria se tratara. No cobra entrada, sólo pide la voluntad. Después de semanas de pensar mucho en ello, un día me tiro. Previamente le pago lo que considero justo a cambio de escucharle decir "serás feliz", así, sin dar más detalles. En un primer momento, la excitación me impide experimentar nada especial. Caigo, eso sí que lo noto, y también percibo que el pozo es muy oscuro, y que el agujero por el que me he metido se aleja rápidamente. Sin ver nada en absoluto, siento que la oscuridad se ensancha y que, aunque no dispongo de ninguna prueba que lo confirme, no estoy solo. Grito. Vuelvo a gritar. Como nadie responde, deduzco que los demás también están gritando y que si no los oigo es porque cada cual debe de gritar para sí mismo. Caigo. Y me caigo todavía más. Nunca habría imaginado que sería un pozo sin fondo. Pero, cuando me tentó para que me tirara, el charlatán no especificó, sólo dijo que, si lo hacía, sería feliz. Y lo cierto es que, mientras me precipito hacia unas tinieblas todavía más intensas que las de hace un rato -o las de hace meses, o las de hace años, ahora eso carece de importancia-, acompañado por otros seres que tan sólo intuyo, quizá sí soy más feliz de lo que era antes. Pero resulta difícil decirlo porque de antes no me acuerdo, oye.

Sergi Pàmies (del libro Si te comes un limón sin hacer muecas)

lunes 16 de enero de 2012

miércoles 4 de enero de 2012

Elemental

Mientras Watson se acuclilla junto al cadáver, Holmes, envuelto en la nube de humo que sale de su pipa, examina la habitación en que se encuentran. Mientras Watson observa el puñal que la víctima tiene clavado entre los dos omoplatos, Holmes repasa las paredes desnudas, sin una sola puerta o ventana, estudia el cubo perfecto de muros lisos que los rodea. Mientras Watson, seguro de que el hombre ha sido asesinado, se pregunta cómo el asesino ha podido salir de aquella trampa sin escapatoria, Holmes, confundida su silueta con el humo del tabaco, se pregunta intrigado cómo han podido, Watson y él, llegar a aquel lugar.

Jesus Esnaola (tomado de su blog El doctor Frankenstein, supongo)

sábado 10 de diciembre de 2011

Rezar

Rezar en voz baja. Eso hace el paracaidista desde hace días. Rezar en voz baja mientras el viento agita con levedad la enorme telaraña donde permanece adherido. Rezar en voz baja sus oraciones. Y no dejarse intimidar por los esqueletos que penden alrededor.

(Texto Finalista del II Concurso de Microrrelatos de Terror ArtGerust).

Imagen: Louise Bourgeois

miércoles 30 de noviembre de 2011

Sin título



Dentro del melón, un corazón latía.

Henri Michaux
(del libro Frente a los cerrojos)

Imagen: Brassaï (mano de Michaux)

lunes 21 de noviembre de 2011

jueves 17 de noviembre de 2011

Por escrito gallina una

Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americano Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos calló en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.

Julio Cortázar (del libro La vuelta al día en ochenta mundos)

jueves 10 de noviembre de 2011

Seísmos (entrevista y reseña en IM)





Queridos y tenues visitantes, permitidme anunciaros que la revista de brevedades Internacional Microcuentista ha tenido la gentileza de hacerme una fugaz entrevista a propósito de Seísmos, mi primera criatura de papel. Podéis leerla aquí:

Entrevista

Y debo añadir que el pasado martes, también en la página de IM, el escritor Vïctor Lorenzo hizo una estupenda reseña del libro, que le agradezco impetuosamente. En este enlace la tenéis:

Reseña

Con levedad, el temblor se difunde.

miércoles 19 de octubre de 2011

Los hados propicios

La mañana era sucia y medio lluviosa. Ahora daba vueltas a su café sobre el mostrador de zinc de un bar perdido en cualquier calle. La noche había sido sudorosa y larga, llena de sueños trabados y vueltas en la cama, y otra vez se le había metido dentro esa bruma amarga que le impedía pensar con claridad y lo convertía a sus propios ojos en la figura solitaria de una gris acuarela. La tristeza se le atrincheraba dentro y le faltan las fuerzas para hacer frente a los días, vencido prematuro, propenso a morir.
A través de las cristaleras vio de repente a una mujer joven y bellísima. Debía de estar embarazada de seis o siete meses y su mirada estaba hecha de luz. Pensó por un instante que todo valdría la pena si la tuviese a su lado, envidió con todas sus fuerzas al padre de aquella criatura que crecía en su vientre, bajo el vestido azul.
La muchacha parecía caminar en busca de algo. Cuando lo vio en el interior del bar se acercó hasta él, que, sentado en lo alto del taburete, sintió un temblor en su corazón. "Otra vez lo has hecho, cariño, no te tomas las pastillas que te dio el doctor para la amnesia, te largas por ahí sin dejar aviso, un día de estos te perderé".

Carlos Castán (del libro Sólo de lo perdido)

Imagen: Edward Hopper (fragmento de Nighthawks)

viernes 7 de octubre de 2011

Seísmos (reseña de Antón Castro)

Javier Puche (Málaga, 1974) aborda un género aún más difícil que el microrrelato convencional: él se atreve a contar una historia, un cuento mínimo o a encender un centelleo incontenible con solo seis palabras. Hace algún tiempo que lo viene haciendo: él no escribe, él encuentra la exactitud, el extrañamiento, la detonación de la sugerencia, el arte de la paradoja o la gramática de la fantasía. En 'Seísmos. Cuentos de seis palabras' (Thule), Javier Puche va más allá del ingenio, del gracejo o del aforismo: crea un mundo. Crea una acción, personajes, la sensación de estupor. Diga lo que diga: “Asoma un periscopio en mi consomé”, “Este laberinto ni siquiera tiene baño”, “El monstruo bajo la cama tosió” o “Aterrado, disimula el arzobispo su erección”. Ya se ve cómo escribe, cómo piensa, cómo se interna en el vacío o en el horror y en la crueldad. Por ejemplo: “Descubrí un ahorcado en mi bonsai”, y algo más adelante: “Decapitado, sigue pensando el filósofo tenaz” o este, tan logrado: “Por imprevista resurrección, vendo mi tumba”. Hay muchos ecos en estos textos, sin duda, existen diálogos con Borges, con Breton, con Perec, con algunos poetas y, sobre todo, con Ramón Gómez de la Serna, pero sobre todo lo que hay es acierto, la felicidad de la inspiración y una convicción absoluta en los poderes de la literatura. Y si los textos de Javier Puche son excelentes, no lo son menos las ilustraciones de Riki Blanco: maneja el blanco, diversos tonos del gris y el negro, y logra lo que quiere: narraciones complementarias, un pensamiento gráfico, un estado de desvelo y de alerta casi dolorosa. He aquí un libro estupendo, no para niños exactamente, pero también para ellos. Al fin y al cabo, Puche ha partido de un cuento magistral de Hemingway: “Vendo zapatos de bebé, sin estrenar”.

Antón Castro

(Reseña aparecida el jueves 6 de octubre de 2011 en el suplemento cultural Artes & Letras del Heraldo de Aragón)

domingo 2 de octubre de 2011

El hombre elefante

Me corté una oreja y salí de casa. En el ascensor coincidí con mi vecino y me preguntó qué había ocurrido. Le dije que fue un accidente, esquiando. El tipo del quiosco también se fijó. A él le expliqué lo del atraco a punta de navaja. Luego, en la cafetería, el camarero insistió. Se me cayó, respondí sin más. Al llegar a la oficina confesé que sufría un tumor maligno. Funcionó. Hasta ella dijo que lo sentía y me besó en la mejilla. Tenía una voz bonita, olía bien y era más guapa aún de cerca. Unos días después todo volvió a ser como antes. Ayer me corté la otra.

Agustín Martínez Valderrama

Imagen: Fotograma de El hombre elefante (David Lynch)

martes 20 de septiembre de 2011

Pasen y vean

El escritor Agustín Martínez Valderrama ha tenido la amabilidad de publicarme algunas piezas en la sección Pasen y vean de su estupendo blog, Previsiones meteorológicas de un cangrejo.

Aquí os dejo el enlace: Pasen y vean.

miércoles 14 de septiembre de 2011

La caricia perfecta


No hay caricia más perfecta que el leve roce de una mano de ocho dedos, afirman aquellos que en lugar de elegir a una mujer, optan por entrar solos y desnudos en el Cuarto de las Arañas.



Ana María Shua (del libro Casa de Geishas)

Imagen: Spider, de Louise Bourgeois