domingo, 1 de noviembre de 2009

La cabeza del perro

Estoy arrellanado en el sillón junto a la chimenea, donde crepita el fuego. Tengo la copa de coñac en la mano derecha. Con la mano izquierda, caída descuidadamente, acaricio la cabeza de mi perro... hasta que recuerdo que no tengo perro.


Arthur Conan Doyle

13 comentarios:

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Fabuloso... en tan poco espacio y engañada.

Raúl dijo...

Joder... cuántas y cuantás cosas sugiere esta ´delicia tan pequeña.

Libros Gratis dijo...

Fantástico, tanta cosa en una simple frase...genial de veras.

Gemma dijo...

y es que la realidad va por delante siempre. ;-P
Un abrazo

Castigadora dijo...

Al menos no pensaba que tenía un tigre no? Con un perro imaginario casi que se puede lidiar.

hombredebarro dijo...

Al menos le quedaba el coñac en la otra mano, ¿o tampoco?

Maria Coca dijo...

Buenísimo!!!

Elèna Casero dijo...

Este microrrelato es lo que a mí me gusta. En tan poco espacio, tanto sentido.

Gracias

Hank dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Hank dijo...

Es un efecto de la coca por vía intravenosa. Puede ser un gato, un perro, un afiche, una cabeza reducida del Congo, o cualquier otra cosa que la imaginación tactil tenga a bien ofrecerte en tales circunstancias.

Lo digo, eso sí, con permiso de los que son poseedores de secretos que no alcanzo.

Saludos, Herman.

César Antonio dijo...

Qué cambio tan brusco. Eso es saber golpear al lector. Sherlock Holmes es hijo de un genio.

BB dijo...

Realmente, sugerente.
Un beso
BB

Francisco Machuca dijo...

Conocía este singular relato a través de un maravilloso libro de Fernando Savater.Y,por supuesto,adoro a Conan Doyle.

Un abrazo.