viernes, 12 de septiembre de 2008

El peso de la ley



Quizá pienses que siempre fui un zoquete obnubilado por el férreo sistema legal. Pero dime, ¿qué sería de nosotros sin la perpetua amenaza de un castigo para el delincuente? Viviríamos en el caos, devorándonos unos a otros como pirañas asesinas. Porque en esencia, hijo mío, somos salvajes sin un ápice de moralidad. Somos bestias desatadas, sedientas de sangre, ávidas de sexo desenfrenado. Y son las leyes las que nos reprimen, las que nos controlan y nos salvan. Por eso, querido vástago, me hice magistrado y llevo ahora esta toga que me confiere tanta dignidad. Dignidad que pisoteas vilmente al negarte a comer esa sopa de fideos que tu madre ha hecho con tanto amor en la triste soledad de la cocina. Lástima que nuestro vecino del bloque, abogado de oficio, no esté aquí para atenuar la terrible condena que me dispongo a imponerte con todo el dolor de mi alma.

Imagen: un dibujo de Franz Kafka

17 comentarios:

Raúl dijo...

Sonrío.

Cesare Beccaria escribió, en su indispensable "De los delitos y las penas", frases del siguiente tenor:

"La pensa sólo debe de existir, si es necesaria"; o; "la pena es el derecho a castigar al que no cumpliere las leyes"...
Tu relato por tanto, podría perfectamente "justificar" el espíritu de toda su obra.

Y aunque a tu protagonista le honre no condenar sin antes tomarle declaración ante la presencia de un letrado, nosotros los de oficio, poco podemos hacer ante la seguridad que muestra el togado en la condena.

Genial y divertido. Mucho.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Muy bueno, Hermán. La dignidad del magistrado bañada en la sopa infantil. Lo del abogado vecino es redondo. Enhorabuena.

Larrey dijo...

Pues si las cosas ocurren tal como me dicta mi experiencia paterna, me gustaría ver la toga después del "juicio"...

Arcángel Mirón dijo...

Esas personas me dan asco. No los jueces, eh? Los jueces que no entienden de qué se trata, que confunden su humanidad con una teórica divinidad.

Luna Carmesi dijo...

Hijo y sopas.
Conflictos demasiado pertinaces para un juez...

filoabpuerto dijo...

Buen relato, Herman !

Desde luego ese juez, correa de trasmisión de un Estado que justifica la coerción basándose en la "perversa" naturaleza humana tiene totalmente integrada su función.

Ya puestos a sufrir una terrible condena por no tomarnos la sopa, entran ganas de lanzársela a su "digna" toga...¡ al menos nos quedará el consuelo de la rebeldía !

Saludos

Merce

Herman dijo...

Quizá al ínclito Cesare Beccaria, amigo Raúl, le pareciera algo desproporcionada la actitud de este personaje mío. Si te fijas, el pobre niño no tiene posibilidad alguna de defenderse (ese abogado al que se alude está lejos, puede que ni siquiera exista). Por otra parte, su falta ha sido ínfima en relación a la terrible condena que se dispone a recibir. La ley resulta a menudo arbitraria y terrible. Kafka, a quien el texto pretende rendir homenaje, nunca se cansó de repetirlo. Me alegra que te hayas divertido con esta breve pieza.

Gracias, Antonio. Ese magistrado merece un buen baño de sopa hirviendo. Un abrazo.

Lamentablemente, Larrey, sospecho que el niño está incapacitado para cualquier rebelión. Su padre constituye un enemigo demasiado poderoso.

Herman dijo...

A mí tampoco me resulta simpático este desmesurado juez, Gilda. Pero los hay peores, me temo.

Gracias, Luna, por venir y dejar tu leve rastro.

Ejercer la perversidad no es el mejor modo de luchar contra ella. Y este juez perverso lo ignora. Agradezco tu comentario, Merce.

El Viajero Solitario dijo...

En cualquier caso, el tipo es consecuente consigo mismo y lleva sus ideales hasta las últimas. Esta es la clase de determinación que acabará transformando el mundo, en un sentido o en otro. Los indecisos nos limitamos a hacer de espectadores, me temo. Y a lamentarnos después.
Muy bueno, Herman.

Castigadora dijo...

Es una Teoría que nos enseñan en la facultad de derecho. El mundo sin la ley sería un caos. Pero hay cosas peores, como no saber elegir a quien hace la ley o simplemente que la ley sea injusta.
Más allá de eso, el peso de la Ley no siempre se reparte por igual, y algunos quedan aplastados por ella, mientras que otros sienten una leve presión.
Un beso

Elèna Casero dijo...

Ese magistrado va a poner una condena desmedida, exactamente igual, pero al revés, lo que está ocurriendo.

Magistrados aparte, el relato es muy bueno, hijo mío, la sopa.

Viridis dijo...

Si trata así a su hijo, cómo se comportará con esa madre que ha hecho la sopa "con tanto amor en la triste soledad de la cocina". ¿Acaso como un salvaje "sin un ápice de moralidad"? ¿Cómo "bestias desatadas, sedientas de sangre, ávidas de sexo desenfrenado"? ¿Se aplicará en su caso "las leyes" que son "las que nos reprimen, las que nos controlan y nos salvan"? Excelente micro para reflexionar.
Besos.

Herman dijo...

Eso es verdad, Viajero. Pero que miedo dan esos tipos tan consecuentes. Un saludo indeciso.

Tú lo has dicho, Castigadora. A veces, quien imparte la ley es un idiota. Como en este caso.
Otro beso para ti.

Estos jueces casi nunca miden bien. O se quedan cortos o se pasan. No debe ser la suya una profesión sencilla. Gracias por venir, Elena.

Yo sospecho, Viridis, que nuestro protagonista no debe ser un modelo de convivencia precisamente. Miedo me daría compartir un solo minuto con esa bestia parda. Me honra que el microrrelato te haya hecho reflexionar. Un beso.

Anónimo dijo...

Cojonudo.
Un abrazo, galleto.

Lau dijo...

jejejeje me encantó, herman. Está estupendo. un besazo enorme

oye, cuando sea mayor??? :o jejejee

otro beso

Mega dijo...

Determinados jueces son más merluzos que los condenados que juzgan, no me cabe la menor duda. Éste, para colmo, con esa retórica leguleya al uso, ha perdido el sentido de la realidad...

No me extraña, por otra parte, que su mujer habite "la triste soledad de la cocina"..., con un tipo como éste de marido.

Resulta cómico y trágico por igual. Piececita maestra la de hoy.

Un abrazo

Sinuosa dijo...

Que ejerza la magistratura a casa, pase. Pero que se lleve también la toga tiene delito, jajajaj

Muy bueno.