sábado, 6 de septiembre de 2008

El cenicero



El dolor había cesado por completo. Para celebrarlo, Claudio resolvió encender un cigarrillo (era el primero que fumaba tras contraer aquella inexplicable enfermedad). Sentada junto al lecho, La Muerte le alcanzó un cenicero.

Imagen: Esqueleto con cigarrillo, de Vincent Van Gogh

20 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Muy bueno. Una sugerencia: quizás sería más impactante si "la Muerte" no apareciese de forma explícita. No sé cómo podría hacerse para que tampoco sea una alusión demasiado obvia...

Arcángel Mirón dijo...

Ya estaba por escribirte, para saber sobre tu paradero.

Veo que estás aquí. Me alegro.

:)

Yo celebro no ser fumadora.
Aunque la muerte ya se las arreglará para tenerme entre sus filas. Sólo espero que sea dentro de muchas décadas. Muchas, por favor.

Mega dijo...

Si la muerte no nos privara de ciertos placeres, desde luego que no iba a resultar tan malo morirse, jaja.

Saludos sabatinos

Larrey dijo...

Relato ganador, añado, del II concurso de suspiros dee trastero...
http://eltrasterodelaimaginacion.blogspot.com/

El Viajero Solitario dijo...

En ciertos casos la muerte puede ser una suere de liberación, una celebración.
Conciso, preciso, directo, bueno.
Saludos en lo que supongo tu regreso de vacaciones.

El Viajero Solitario dijo...

Esto, quise decir "una suerte de liberación".

Herman dijo...

Quizá tengas razón, Antonio. Lo pensaré debidamente. Gracias por la visita y el comentario.

La alegría es mutua, Gilda. En realidad, el personaje de mi narración no muere a causa del tabaco, sino devorado por una enfermedad inexplicable. Ese cigarrillo postrero es una irónica tregua temporal que la muerte le concede justo antes de cancelar su existencia.

Desde luego, Mega, sería genial que al otro lado del tiempo nos permitiesen seguir fumando, conversando, riendo. Pero sospecho que son algo estrictos en el más allá. Saludos dominicales.

Gracias, Larrey. Un placer tenerte por aquí.

Pues sí, Viajero. Ya está uno de vuelta con las pilas recargadas. En breve reanudaré mis gozosas visitas a tu residencia virtual.

Castigadora dijo...

Me parece tan insensato el fumar, cuando de todos es sabido sus consecuencias. La muerte no tiene ni que acercanos el cenicero lo aferramos con fuerza nosotros mismos que nos creemos con posibilidades de ganar este juego, cuando lo máximo que podemos hacer el conseguir girar una vez más el reloj de arena. Me gustó mucho!

Besoss

Luna Carmesi dijo...

Las cenizas crean buenos compañeros de viaje...

Lau dijo...

jesússss, hermanillo, hijo, qué abrupto, pobre hombre. Me gustó
El cuadro, genial. Gracias. No lo conocía

besos

filoabpuerto dijo...

Si tenemos en cuenta que nuestra existencia es un breve paréntesis en la inexistencia, echarse un cigarrillo con esa compañera cuasi-eterna es una manera de mirarle a los ojos a esa certera realidad que nos empeñamos en negar....pero no por mucho humo que exhalemos, la virtual compañera va a desaparecer...

No obstante.... antes de esa última calada, que quede tiempo para muchos cigarrillos ! y mejor si son de esos que se disfrutan y no de aquellos que se han convertido en una molesta adicción

Saludos

Merce

filoabpuerto dijo...

Buen micro,herman; lo conocí antes de leerlo aquí, por el blog del trastero de la imaginación, saludos también para ti, Larrey

Merce

Herman dijo...

Tampoco hay que demonizar a los que fuman, Castigadora. Yo mismo lo hago en ocasiones con sumo placer. Como dice un viejo trovador: "Fumar con tiento es de sabios". Gracias por tu agradable visita.

Cierto, Lau. Es un relato abrupto como la muerte. Yo tampoco conocía el cuadro. Ignoraba que Van Gogh gastara un humor tan negro.

Comparto lo que sabiamente dices, Merce. Gracias por venir.

Francisco Ortiz dijo...

Magnífico relato corto. Juega con el humor y la tragedia aunándolas y poniéndolas en el mismo espacio con mucho acierto.

Raúl dijo...

Cómo me gustan tus pequeñas joyas, certeras, picajosas,...
Como ya te han dicho, quizá a la muerte, yo también la hubiese llamado "Ella", dándole género, pero no nombre.
Precioso.

Sr.Zero dijo...

Y digo yo, ¿No tiene la muerte ya suficientes armas para herirnos como para aceptar de buen grado ese veneno disfrazado de seductor social que nos roba la chispa lentamente? Dicen que de algo hay que morir, yo digo que tenemos una cita ineludible con la parca y servidor ninguna intención de adelantarla. Que grande eres Herman. Un saludo de tu camarada noctámbulo.

Elèna Casero dijo...

Bueníiiiisimo.

Elena dijo...

Genial. Uno de los mejores microrrelatos que he leído en mucho tiempo. Es demoledor.

Saludos

Sinuosa dijo...

Muy buen micro, si señor.

Anónimo dijo...

jo, qué bueno, chico

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