viernes, 15 de febrero de 2008

Arrogancia



Un mal día, el hombre invulnerable tuvo un ataque de arrogancia y, tras prescindir por vez primera de su calzado habitual, marcadamente juvenil e innovador, decidió ponerse los zapatos de su difunto bisabuelo, sin contar en absoluto con que el pasado y la decrepitud, que esperaban al acecho la ocasión propicia, le invadieran de golpe a través de una imperceptible herida que tenía abierta en el dedo meñique del pie izquierdo, provocando su muerte instantánea.

Imagen: Vincent Van Gogh

18 comentarios:

Arcángel Mirón dijo...

Es que el poder del pasado reside en su capacidad para acechar desde las sombras. Pobre hombre.

La vieja dijo...

Querida Gilda:
No te confíes demasiado tú tampoco.
Cuidado con los tacones viejos del armario.
Herman:
Déjame un comentario, condenada miasma.

Recaredo Veredas dijo...

Buen microrrelato. Breve, contundente y nítido. Además la sorpresa rompe la realidad y resulta coherente al mismo tiempo. Saludos.

Anónimo dijo...

zapatos de pianista de jazz

galleto

Enrique Páez dijo...

Herman:
Espléndido microcuento. Me ha recordado una película que me impactó de niño, sobre la leyenda de los nibelungos, y la invulnerabilidad que alcanzaba el protagonista al bañarse en la sangre de dragón. Una hojita de un árbol cayó sobre su hombro, y le dejó un huequito de piel desprotegida: por ahí moriría.
Abrazos,

El Viajero Solitario dijo...

Conclusión: nadie puede escapar de su pasado.
Me ha gustado el relato, Herman, en especial el golpe de efecto del final, que, como bien dice Recaredo Veredas, aunque puede resultar fantástico, contrario a las leyes naturales, no desentona en absoluto con el resto del relato.

Sólo una duda: ¿qué tiene que ver la arrogancia con ponerse los zapatos del bisabuelo?

Saludos.

La vieja dijo...

Bella historia la que cuentas, Enrique. Es la misma del talón famoso de Aquiles.
Me gusta mucho la mitología. Aunque sea Vieja.

hanksiolitico dijo...

Si el actor era arrogante, los zapatos lo mataron por venganza. Así que él debió apartar la arrogancia de su ser y usar los zapatos con valentía, así ellos le habrían traspasado decripitud y pasado, pero no la muerte.

En este caso el micro destellaría con una luz más de esa que arde en el corazón de los hombres (vivos o muertos), y el pasado recobrado le daría sentido a su vida.

Ya sabemos todos, yo y vosotros, escritores que me estais leyendo que la vida de un nombre es pasado y esperanza, esperanza sustentada en el pasado. Personalmente no tengo pasado, así que mi esperanza se esfumó un buen día de viento. Sería una posibilidad encontrar unas botas que esperan con mucho pasado y decrepitud, y yo intentaría ponérmelas con valentía, para que en vez de matarme me contaran una historia, dura y cruel tal vez, pero historia al fin, y poder así recuperar mi esperanza.

Herman dijo...

Sin duda, Gilda, el tiempo avanza siempre hacia el pasado. Y no hacia el futuro, como algunos ingenuamente creen. La Vieja te lo puede confirmar.

Gracias, Recaredo, por tu favorable dictamen. Así da gusto. Me esforzaré por seguir urdiendo piezas contundentes y nítidas.

Dilecto step-brother, me conmueve tu velada referencia al viejo Joshua. Dicen las malas lenguas que andas de nuevo por París. Espero que me dediques un bailecito sobre la tumba de Proust.

Me honra, Enrique, lograr tu aprobación. No conocía esa leyenda nibelunga a la que aludes, pero sin duda guarda afinidad con mi pequeño texto. Qué alegría tenerte por aquí.

Así es, Viajero. Por más que nos ocultemos en el futuro, el pasado siempre nos encuentra. Quizá porque lo llevamos adherido a la identidad, como un invisible microchip. En respuesta a tu pregunta te diré que el protagonista del relato (un pobre iluso de rozagante juventud) se sintió tan invulnerable que quiso desafiar las leyes del tiempo jugueteando despectiva e irresponsablemente con un símbolo del pasado (los zapatos ancestrales), a fin de confirmar su extrema superioridad sobre lo que ya no existe. Pero mediante este gesto burlón, en apariencia inocuo, incurrió fatalmente en pecado de Hybris y los dioses castigaron su altivez privándolo de futuro. Espero que mi paráfrasis, infinitamente más extensa que el propio cuento, te haya servido de ayuda. Un abrazo.

Me agrada que menciones al viejo Aquiles, Vieja. Confieso que a mí me ocurre lo contrario que al famoso héroe griego: el talón es mi única zona invulnerable. Un beso.

Aplaudo tu intervención, Hank. Ojalá existieran unas botas mágicas que transfiriesen al usuario experiencia y sabiduría. ¿Es verdad que careces de pasado? Conozco a un tipo que podría venderte uno a buen precio.

Castigadora dijo...

Muy buen microrrelato, nunca se puede escapar del Pasado por mucho que corras siempre está al acecho

Saludos

hanksiolitico dijo...

El hombre sin pasado es éste. Échale un vistazo si te apetece. Los pasados se venden, pero no se compran. Piénsalo: es tan fácil lo primero y tan imposible lo segundo.

Abrazo.

hanksiolitico dijo...

Este es el puto enlace:

http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/02/el-deseo-del-castrado.html

hanksiolitico dijo...

Coño no, ¡¡¡eeesssttteee!!!

http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/02/el-hombre-sin-pasado.html

El Viajero Solitario dijo...

Agradecido por tu respuesta, Herman. Como suele suceder con los microcuentos, es más extensa la explicación que la redación del mismo. Lo cual no deja de ser mérito del autor, un homenaje a la concisión (siempre que el relato "resulte", como es este caso).
Saludos.

ella y su orgía dijo...

La arrogancia es arriesgada, y enfundarse en el calzado ajeno, en la vida ajena, una osadía extrema.

Besos orgiásticos.

Espectadora dijo...

El pasado ya está escrito en nuestra piel, no podemos escapar de él pues lo llevamos puesto. Nos lleva al presente a cada segundo, a cada minuto. De lo que estoy segura es de que puedo contar con un pasado, pero no con un futuro.
Saludos Herman

Suel dijo...

Es precisamente por estas cosas por las que nunca me pongo los zapatos de otra persona ni tengo ataques de arrogancia

Un saludo.

Claudia 2008 dijo...

El talón de Aquiles quizá era la puntera de Aquiles. Muy bueno el microrrelato!