miércoles, 24 de junio de 2015

El esfuerzo

En la niñez, nunca debemos esforzarnos (nuestros padres lo hacen todo por nosotros). En la juventud, el entusiasmo casi siempre nos impulsa hacia el cumplimiento de cualquier tarea, atenuando toda sensación de esfuerzo. En la madurez, ya sin entusiasmo alguno, el esfuerzo cobra una relevancia considerable, quedando cualquier empeño en manos de la voluntad pura. En la vejez, la vida entera se transforma en esfuerzo (esfuerzo por caminar, esfuerzo por recordar, esfuerzo por respirar). Pero es tras la muerte cuando todo cuesta ya un trabajo espantoso.

En este punto el esqueleto dejó de escribir.
Horas después cerró su diario íntimo.
Días después regresó tambaleándose al lecho.
Años después se tapó muy despacio con la sábana.

Imagen: Sofía de Juan

4 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Muy bueno. Debe costar mover los huesos, en efecto..jeje Saludos!

Anónimo dijo...

Vaya...qué bueno, me ha gustado.
Me pregunto cómo le ira a usted...

Fdo: Larissa...

Inma Nordbrandt dijo...

Es buenísima la metáfora

Kuss

Castigadora dijo...

Impecable, como siempre.
Un placer pasar a leerte.