domingo, 15 de mayo de 2011

En los huesos

Tras probar sin éxito incontables métodos para adelgazar, Wilson, obeso mórbido, decidió adentrarse en una jungla de plantas carnívoras. Éstas lo acogieron con famélico fragor, dejando a Wilson literalmente en los huesos. Ahora es feliz. Trabaja como esqueleto en la Facultad de Medicina. Y muchas jovencitas lo contemplan con admiración (e incluso lo acarician a veces). Algunas noches Wilson sale a pasear. Le encanta la lluvia. Y bailar sutilmente en los charcos mientras todos duermen.

19 comentarios:

Raúl dijo...

Hay akgo de ternura y soledad.

Lola Sanabria dijo...

Además de tierno, yo leo entre líneas algo de crítica al culto al cuerpo esquelético tan de moda últimamente.
En cualquier caso, un pequeño gran relato.

Besos volados.

400 dijo...

Como la vida misma, Hermanastro. Gracias.

Marcos Callau dijo...

Esas jovencitas que acarician esqueletos son un poco... especiales digamos jejeje. Muy bueno. Además Raúl tiene razón, despierta ternura por el esqueleto danzante entre los charcos. Saludos.

No Comments dijo...

Nunca sabemos dónde está nuestra felicidad, aunque no todo vale, veo crítica también.

Un saludo indio

BB dijo...

La felicidad y sus extraños o absurdos caminos para conseguirla.
Conmovedor relato, Javier.
Un beso
BB

Miguel Baquero dijo...

Una medida drástica... pero vecs los grandes y mórbidos males necesitan grandes remedios ;-)

Sinuosa-Celsa dijo...

No habría sabido definir lo que me inspiraba este micro. Y al leer los comentarios, es eso: ternura, soledad y crítica social.
Bien condensado. Muy bueno.

Gemma dijo...

Celebro que Wilson sea tan feliz. No merece menos.
Un abrazo enorme!

Juan Yanes dijo...

El único problema que tienen los esqueletos es que si beben mucha cerveza, dejan el suelo hecho un desastre. Chapeau!!!

Elèna Casero dijo...

Tiene un poco de todo. Ternura, en cuando a las caricias de las jovencitas; desesperacion por la gordura, paz y relax por los charcos.
De cualquier manera, muy bueno

Javier Puche dijo...

Raúl, tal vez.

Lola, este cuento lo escribió mi sonámbulo. Le haré llegar de algún modo tus amables palabras.

400, como la muerte misma, Mostaza. De nada.

Marcos, te agradezco lo que dices. Un placer tu visita.

No comment, ¿también ves crítica? Ignoro si la hay. Mi sonámbulo es un tipo muy hermético. Intentaré preguntarle qué quiso decir con tan extraña narración.

Javier Puche dijo...

BB, encontrar la felicidad en un charco no parece mal destino.
Otro beso para ti.

Miguel, un mórbido abrazo.

Sinuosa, yo también siento ternura hacia Wilson. Parece un esqueleto encantador.

Gemma, dicen que Wilson es un excelente bailarín. Ojalá alguien lo filme mientras danza.
Otro abrazo grande.

Juan, gracias por leerme.

Elena, me alegra mucho que te haya gustado.

malditas musas dijo...

Este post está como para comérselo...

Bravo, Javier :)

Raúl dijo...

Tal vez no, Javier. Para mí, que soy quien en este caso te elo, hay algo que refleja ternura y algo que apunta a que tras lo epidérmico subyace la soledad.

Javier Puche dijo...

Musa, si te comes el post ten cuidado con los huesos al masticar. Un abrazo.

Raúl, tienes razón, de modo que no te la daré (dar la razón a quien la tiene siempre me pareció redundante). Una vez escritos, los textos pertenecen al lector. Otro abrazo para ti.

manuespada dijo...

Me parece un texto precioso, sobre todo la última frase, que es sublime, bella. Un abrazo, Javier.

Francisco Ortiz dijo...

Imaginativo, rico, poderoso.

Melquiades Villarreal Castillo dijo...

Genial.
Lo extraño se torna cotidiano, palabras contadas son capaces de crear un mundo ilimitado. Es una burla a la convencional, una exaltación a la esencia de lo humano, más allá de la carne y la grasa de un cuerpo, el esqueleto es lo único duradero.