miércoles, 6 de abril de 2011

Diario ínfimo (IV)

Escribir es estar escribiendo. Y haber escrito. No tanto pensar en escribir, que también. No tanto anhelar la escritura, que también. Es anhelarla y convertirla en real de inmediato o casi. Materializar sin dilación el anhelo de escritura. Cumplir el deseo. Dejarnos atravesar por él de arriba abajo. Volcarlo irresponsablemente sobre la mesa, con incómodo placer. Porque escribir es sentarse a escribir. No pensar en sentarse a escribir algún día y dejar que transcurran los siglos. Escribir es mover las manos rítmicamente para que las palabras bailen. Propiciar la danza y hacer caso omiso a la muerte.

23 comentarios:

malditas musas dijo...

La silla del que escribe tiene pinches, espinas, espadas, bombas, tabúes, astillas... Es la silla más "incómoda y placentera" que existe quizá para no permanecer sentado...

"el que siga buen camino tendrá Sillas/ peligrosas que lo inviten a parar" [HISTORIA DE LA SILLA, Silvio Rodriguez]

:) Bss

Marcos Callau dijo...

Escribir es vivir, efectivamente. Muy bueno. saludos.

hombredebarro dijo...

Hay una cosa que nunca he entendido de algunos escritores cuando dicen que si no tienen nada interesante que contar o decir no escriben. A mí me parece que es al revés, cuando se te ocurren cosas muy interesantes es el momento de no escribir, el momento de escribir es un vacío que sólo lo puede llenar la escritura, y no sé si me he explicado.
Un saludo.

Miguel Baquero dijo...

Hay una cosa que parece de perogrullo pero que casi siempre se olvida, y es que para ser escritor hay que escribir

400 dijo...

Huevos y gallinas.

Javier Puche dijo...

Musa, la silla del que escribe es eléctrica en ocasiones. Un beso.

Marcos, pero al escribir se nos puede llenar la habitación de fantasmas. Y de fantasmas de fantasmas, que son más espectrales aún.

Antonio, celebro y comparto tu reflexión. Te has explicado perfectamente. La escritura nace de un anhelo que solo se puede atenuar escribiendo. Y quien dice anhelo dice vacío. Miedo me da quien escribe porque considera que tiene algo interesante que decir al mundo. Gracias por visitarme.

Miguel, escribir y leer hasta alcanzar la demencia. Y luego escribir y leer hasta recuperar la cordura. Así siempre.

400, eres un oráculo.

Celsa Muñiz dijo...

Este relato es como la entrega de los Oscars: quienes más lo disfrutan, entienden y valoran, son los actores. Los que escribimos.
Y aunque sea de perogrullo: lo siento tal cual.
Un abrazo.

Javier Puche dijo...

Celsa, gracias por tu comentario. Más que un relato, el texto pretendía ser una reflexión escrita. De hecho, forma parte de mi diario íntimo (aunque lo de íntimo queda cancelado por la exhibición). Otro abrazo para ti.

Olga Bernad dijo...

Nunca se ha escrito con ideas, sino con palabras. Que sepamos hacerlas receptoras y emisoras de lo que pensamos es ya otro asunto (un asunto difícil:-).

Miriam M. dijo...

Sentarse, pensar en un personaje, dejarlo flotando y ver lo que le ocurre, qué le preocupa y cuáles son sus anhelos.... Me gusta este diario ínfimo porque descubro un poco cómo funciona un escritor, en este caso tú. Besos.

Pablo Gonz dijo...

Un ejercicio de voluntad que hacemos en torno a un accidente.
Abrazos,
PABLO GONZ

Raúl dijo...

La aventura nos convierte en Quijotes. Pensar en ella, únicamente nos deja a la altura de Tartarín.

manuespada dijo...

Escribir en sí es más bien duro, a veces puede ser divertido, incluso muchas veces es realmente jodido ponerte a ello. Lo que de verdad mola es "haber escrito". El que no haya sufrido escribiendo es que no ha escrito mucho, o más bien, no me lo creo.

Víctor Sáez dijo...

Un periodista me dijo una vez: si quieres ser escritor, escribe cada día. Por eso cada día que pasa sin haber manchado unas cuartillas, me digo: ¡tú querías ser otra cosa!

Javier Puche dijo...

Olga, es bien cierto lo que dices. Las palabras son a menudo indómitas. Y nuestras manos torpes.

Miriam, comparto tu afición hacia los diarios de escritores. Es un género que frecuento desde siempre. Quizá mi preferido sea "La tentación del fracaso", de Julio Ramón Ribeyro. Te recomiendo que lo leas.

Pablo, no suena mal el aforismo que propones. La escritura como ejercicio de voluntad en torno a un accidente.

Raul, bien dicho. Nada de tartarines. Emulemos al viejo hidalgo.

Manu, escribir es habitualmente incómodo. Coincidimos. Pero más incómodo resulta no escribir.

Víctor, quizá fue un poco drástico tu amigo. Pero no negaré que intento seguir su consigna.

Gemma dijo...

Propiciar la danza y hacer caso omiso de la muerte. También vale tu definición para la vida, ergo escribir es vivir. Besos

Juan Herrezuelo dijo...

Escribir se conjuga siempre en presente, como respirar. Lo que ya he escrito es como el aire que ya he respirado, lo que vaya a escribir mañana es un aire que no está en esta precisa habitación, ahora mismo. Un saludo.

enmalestado dijo...

Genial reflexión y creo que muy auténtico, tratando ese raro contrasentido que provoca el escribrir

Esteban Dublín dijo...

A danzar entonces, es decir, a escribir.

Mita dijo...

Me encanta!
Quiero leer todo el diario!

Javier Puche dijo...

Gemma, dancemos como malditos. Y que el baile nunca cese.

Juan, nada puedo añadir a tus lúcidas palabras. Bienvenido a este rincón que no existe.

Enmal, escribir es un placer incómodo, y por tanto un oxímoron. Gracias.

Esteban, dancemos como derviches hasta que la luz se apague.

Mita, celebro que te encante. Quizá publique aquí más fragmentos de mi diario ínfimo. Aunque tengo algún pudor.

Elèna Casero dijo...

Escribir es una mezcla de sufrimiento, pasión, desesperación, como un amor primerizo.
Pero lo cierto es que para escribir hay que hacerlo.

Un abrazo

Francisco Ortiz dijo...

Lo suscribo total y absolutamente. Y el gozo que se percibe tras tus palabras también.