lunes, 9 de agosto de 2010

Bailarín famoso



En Maloggia conocimos a un bailarín de la Ópera de París, en otro tiempo famoso, que una noche entró en nuestro hotel en su silla de ruedas, conducido por un joven italiano que el bailarín había contratado por muchos años. Como supimos por el bailarín, se había derrumbado en medio de la première del Rafael de Händel, coregrafiado por Béjart sólo para él, y , desde entonces, había estado inválido. De repente, dijo el bailarín, perdió el conocimiento y no lo recuperó hasta dos días más tarde. Posiblemente, según el bailarín, que se envolvía en una piel de nutria muy cara, había que atribuir su desgracia a que, por primera vez en su carrera, pensó durante el baile en la complejidad de una combinación de pasos, cosa que había temido durante los quince años de su carrera, que le había llevado por todas las grandes óperas del mundo. Un bailarín, decía, mientras bailaba, no debía pensar jamás en su baile; sólo debía bailar y nada más.

Thomas Bernhard (del libro El imitador de voces)

Imagen: Thomas Bernhard en Benalmádena (Málaga), año 1988

11 comentarios:

Pablo Gonz dijo...

Ilustración del difícil arte de apagar la razón, requisito de algunas formas de las literatura.
Un fuerte abrazo y gracias por acercarme a este texto.
PABLO GONZ

manuespada dijo...

Qué cierto es lo que cuenta este micro. Con los instrumentos musicales pasa lo mismo. Si piensas en lo que estás tocando te bloqueas, hay que tocar, sin más, dejarse llevar. Quizá con la escritura pase algo parecido.

Pedro dijo...

Desde que leí una crítica a esta obra en el blog "solodelibros" tengo la lectura de "El imitador de voces" pendiente. En vista del texto que nos presentas, creo que le adelantaré unos cuantos puestos en la lista.

Abrazos.

Miguel Baquero dijo...

Supongo que a eso lleva el entrenamiento y el esfuerzo, a provocar que las cosas se hagan como si nada

Castigadora dijo...

Dejarse llevar y que fluya el arte! Es lo que siempre dicen.

Un saludo

Castigadora dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Xuan dijo...

Había escuchado la misma anécdota pero relativa a un cienpies.
Un insecto muy envidioso preguntó al cienpiés, que era un experto bailarín, qué pie movía primero si el sexto o el vigesimo quinto. El cienpiés no sólo no supo qué contestarle sino que cuando intentó bailar se quedó bloqueado porque hasta ese momento no se había parado a pensarlo porque le guiaba el instinto.

En el fondo, también se puede aplicar a la literatura. Para escribir, en un principio, tenemos que dejarnos llevar por el instinto. Si nos ponemos a pensar cómo escribir una historia nos bloqueamos.

Un saludo

BB dijo...

O sea, abstraerse...
Un beso
BB

Elèna Casero dijo...

De acuerdo con Manu.
El ballet debe ser eso, como decía Willy elliot en la película ... una corriente eléctrica.

Aisha dijo...

"...no debía pensar jamás en su baile; sólo debía bailar y nada más." Ojala supieramos hacer eso con la vida,dejarse llevar y vivir! Gracias mosquetero ;)

Isabel González dijo...

Me gustó, es tan cierto, hay actividades en las se necesita sólo sentir, dejarse llevar y cierta habilidad.
Felicidades!!