lunes, 23 de junio de 2008

Final feliz



En el momento en que el condenado tiene la cabeza en la guillotina, antes de que cayera la cuchilla tendría que producirse un silencio. Un guardia saldría de las filas y entregaría un sobre al verdugo, y éste le diría al condenado: "¡Es tu indulto!". Y haría caer la cuchilla.
Así, el condenado moriría feliz.

Jules Renard (Diario íntimo)

Imagen: Jules Renard

17 comentarios:

Mega dijo...

La esperanza sola nos colma. Sin duda...

Arcángel Mirón dijo...

Buena torpeza por parte del verdugo.

Ahora quiero saber de qué lo acusaban y por qué lo indultaron.

Apapacho, Javier.

Herman dijo...

En efecto, Mega. Y como demuestra Jules Renard, no es la esperanza lo último que se pierde, sino la cabeza.

A mi entender, Gilda, no hay torpeza por parte del verdugo, sino rigurosa eficacia, ya que el indulto es falso, una mentira bienhechora cuya única función consiste en regalarle al reo un postrero instante de felicidad.
¿De qué lo acusaban? Quién sabe. Posiblemente, de no haber leído jamás a Marcel Proust.

elshowdefusa dijo...

Nunca lo había enfocado de esa forma, qué interesante... cuando leo cosas así me pregunto por qué no se me habrán ocurrido a mí esas genialidades antes que a ellos. ¡Maldita sea!

Recaredo Veredas dijo...

Espléndida ocurrencia.

Arcángel Mirón dijo...

Me temo que a mí me podrían acusar de lo mismo, entonces...

Raúl dijo...

Humor francés... ya veo.

Mery dijo...

No sé si es extremadamente cruel o piadoso.
Habría que preguntárselo al ejecutado unos segundos después de perder la cabecita. Digo yo.

Castigadora dijo...

No sé si sería un momento feliz y una crueldad extrema. A veces la esperanza lo único que provoca es más frustración!

Creo que no ha sido un buen día para leer tu post
Aun así me hizo reflexionar, como de costumbre

Un beso

filoabpuerto dijo...

Si así fuera, ese verdugo me resultaría aún más inhumano de lo que ya es..... rendido al impulso "thanático" es un cruel individuo, cobarde, carente de determinación para detener la afilada cuchilla

Saludos

Merce

Luna Carmesi dijo...

Que pensamiento tan afilado...

;-)

Humanoide dijo...

Uf...

Y pensar que, en el fondo, Joseph Ignace Guillotin tenía buenas intenciones!!!

Las3Musas dijo...

Este humor me encanta, debo confesarlo.

Cuántas veces nadie se toma el trabajo de hacernos felices... qué paradójico que sea un verdugo

abrazos confesionales
musa

Larrey dijo...

Me temo que esta brillante idea solo funcionaría las primeras veces, después cundiría el rumor y fin del efecto.

Apostillas literarias dijo...

Si, tal vez el condenado moriría feliz, quien sabe, tal vez ni tiempo de serlo tuvo. Pero ¿cómo moriría quien hizo está gracia? quien sabe, seguro pensaba que cumplia con su deber.

Humor negro, sin duda.

Elena dijo...

Dudo que el condenado muriese feliz, incluso tras saber que había sido indultado. En todo caso, aún se sentiría más desgraciado al saber que un instante más y se hubiese salvado del fatal desenlace. Aunque posiblemente no le hubiese dado tiempo a pensar nada.

Un abrazo y feliz verano, Herman.

microcéfalo dijo...

Yo soy el único que entiende de verdad los cuentos